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Braga monumental

Del Gótico poco existe: la Capilla de Nossa Senhora do Livramento, en el estilo de las Órdenes Mendicantes; las Capillas de S. Gonçalo y S. Geraldo (siglo XIV) y la galilé (século XV), en la Catedral; la Capilla de la Catedral Vieja, en Dume, todas de relativo valor artístico. Excepcionales son, sin embargo, la tumba del arzobispo D. Gonçalo Pereira (sobre todo la máscara funeraria), obra de los escultores Pêro e Telo Garcia, y la imagen de Santa Maria de la Capilla Mayor de la Catedral, obra francesa también del siglo XIV.

El estilo manuelino no se deja sentir en Braga. Gracias a la llamada que D. Diogo de Sousa hace a algunos maestros españoles de Vizcaya, es casi un “plateresco” el que surge: con gran calidad en la concepción y ejecución es particularmente visible en toda la obra de la Capilla Mayor y en la Bautismal de la Catedral. Las ventanas de la Casa dos Coimbras apuntan ya a un nuevo estilo (renacimiento) que en Braga será poco popular. Hay no obstante buenas esculturas de ese período: la Senhora do Leite y las estatuas yacentes de D. Diogo de Sousa; D. Henrique y D. Teresa, atribuibles a Nicolau de Chanterenne; las esculturas exteriores de la Capela dos Coimbras (obra de João Ruão); una buena fachada de un templo (Misericórdia – datada de 1552) y la Casa dos Paivas. Del mismo modo se hace sentir poco el estilo manuelino en Braga, aparte de la iglesia jesuítica del seminario de Santiago.

Los siglos XVII e XVIII irán a marcar el apogeo del arte bracarense; resultado de un nuevo ascetismo que rápidamente degenerará en un tradicionalismo todavía más conservador, y sustentado en el oro que llegaba de las colonias de Brasil. El arte religioso vuelve a tener un gran esplendor, marcado por un fasto que, con los arzobispos D. José y D. Gaspar de Bragança, alcanzó cotas casi imposibles de igualar. Simultáneamente se crean nuevas Órdenes Religiosas y las ya existentes se benefician profundamente de este esplendor que alcanza su auge con los Benedictinos y Tibães.

En un clima tan propicio, la escultura y la talla crearán rápidamente escuela, ejecutando obra y formando artesanos que se extenderán por todo Portugal, sin encontrar rivales. De la misma manera la arquitectura (que extendería su influencia hasta Brasil), la forja artística, el latón, etc., generaron obras maestras, algunas de nivel europeo como la Casa do Raio, la Capela de Santa Maria Madalena da Falperra, el Altar Mayor de Tibães, el Coro de la Catedral, etc. Enumerar los artistas resulta complicado dada la cantidad: André Soares, Marceliano de Araújo, Frei José Vilaça, Frei Cipriano da Cruz, Agostinho Marques, Jacinto Vieira, son los nombres que más rápidamente se nos ocurren. Pero tampoco podemos olvidar a Matias Lis de Miranda, Cristóvão José Farto, etc.

El neoclasicismo, cuya primera obra en Braga es el Convento e Iglesia do Pópulo se transformaría rápidamente al gusto bracarense, gracias a las excelentes obras diseñadas por el ingeniero y arquitecto Carlos Amarante. Además de la citada edificación, diseñó la Iglesia do Bom Jesus (1781), la Iglesia y Hospital de S. Marcos (1787), etc. En la escultura, aparecería nuevamente un gran tallador (el mayor de su tiempo en Portugal), Leandro Braga, que viviría y trabajaría en Lisboa.

Los siglos XIX y XX, no fueron propicios para el arte en Braga. No solo no aparecen obras de calidad sino que se asiste a la demolición de la ciudadela medieval (1905) y del Convento de los Remedios (1912). El único nombre de mediano valor sobre esta pobreza creadora es el arquitecto Moura Coutinho, autor del Teatro Circo (1907-1915) y de viviendas en la calle Júlio Lima (cerca de 1930).


In Braga, Guia Turístico. Braga, Edições Espaço, Septiembre de 1985.